Cosas bonitas: ser mamá

Te lo pueden contar cientos de veces, lo puedes leer en decenas de libros, pero hasta que no lo vives por ti misma, no puedes saber realmente qué se siente cuando eres mamá.
El pasado jueves diecisiete de abril nació Martín. Se nos adelantó un día, así que yo que pensaba que al ser madre primeriza se iba a retrasar, nos pilló un poco desprevenidos, con toda la Semana Santa de por medio, en la que yo pretendía descansar y coger fuerzas.
Y no tengo palabras para explicar ese momento.
Ese momento en que después de haber corrido casi una maratón, te ponen a tu bebé encima de ti, y es tuyo, solamente tuyo. Su corazoncito latiendo a mil revoluciones encima del de su madre, que casi late con más fuerza. Y ese amor a primera vista hace que ya lo quieras con locura, y que no puedas imaginarte haber estado hasta ese momento sin él.
Realmente mágico e inolvidable.
Lloré como estoy llorando ahora al contaros esto, pero quería compartirlo con vosotros, que siempre estáis ahí desde hace más de dos años que empecé esta aventura del blog. Un tiempo en el que me habéis acompañado en mi boda, en mi embarazo y ahora en mi etapa como mamá. Espero no defraudaros, aunque la temática del blog y su camino principal pueda llevar a otros secundarios.
Estos días estaré un poco desconectada, a pesar de que tengo algunos post programados para cuando estuviera ausente, para que no dejéis de pasaros por aquí…
Pero el post de hoy quería hacerlo sin programar, tal y como lo sintiera en el mismo momento en el que lo escribía. Así que con unas ojeras del quince, y sin haber dormido prácticamente nada desde hace 5 días, os digo, sin ninguna duda, que ésta sí es la cosa más bonita del mundo: ser mamá.
Mil gracias por vuestro apoyo y vuestros mails.
¡¡Un beso enorme!!



